Imaginas traer un contenedor consolidado desde Shanghái o Hamburgo y que, a mitad de camino en el Océano Pacífico, una tormenta obligue al capitán a declarar una Avería Gruesa (donde todos los importadores deben pagar proporcionalmente por la carga perdida para salvar el buque). O peor aún, que al abrir el contenedor en el almacén…